Artxiboak: Iraila 2007

2007-09-22

Permalink 19:57:10, Atalak: deialdiak  

 

CONDICIONES DE VIDA Y TRABAJO DE LA CLASE TRABAJADORA

(Apuntes para la recuperación de la conciencia de clase trabajadora)

 

Preámbulo

 

La opresión fundamental de todas las sociedades actuales (y también en EH) es el clasismo que se puede definir como “explotación económica de un grupo de gente (clase social) por otro”. Consiste en la apropiación, por parte de un grupo, del valor producido por el trabajo de otro grupo. Este empeño de un grupo social por apropiarse de la riqueza o valor producido por otros, es la principal motivación que mueve a todas las “sociedades clasistas”, y, por tanto, la opresión fundamental de nuestra sociedad concreta.

 

Todas las demás opresiones fueron inventadas o reconducidas como medios para reproducir-reafirmar esta opresión básica y funcionan dividiendo a los grupos económicamente explotados y enfrentándolos entre sí con la excusa o pretexto de la raza, de la cultura, origen geográfico, lengua, edad o diferentes aspectos de su condición social. Así se debilita la unidad de l@s oprimid@s contra la explotación económica que sufren en común (aunque en diferentes aspectos e intensidad) y se les manipula para que colaboren en el sometimiento a dicha explotación de los otros sectores del colectivo explotado, que es la mayoría de la población.

 

Las personas y grupos sociales empeñados en mantener este estado de cosas, azuzan, enervan y enconan las diferencias entre l@s sometid@s, resaltándolas y exagerándolas para intentar que no nos unamos contra este sistema. Creyéndonos lo que dicen, consiguen muchas veces que nos enfrentemos entre nosotr@s por cuestiones de género, edad, lengua, raza, procedencia geográfica o cualquier otra diferencia. L@s trabajadores-as sabemos, sin embargo, que esas diferencias son superficiales comparadas con lo que nos une y lo comprobamos en nuestra vida social cercana.  Nos une la común explotación económica que sufrimos, tengamos las peculiaridades que tengamos y el objetivo de acabar con este sistema clasista.

 

 

Condiciones objetivas de la opresión del pueblo trabajador

 

Las condiciones de trabajo y de existencia de la clase trabajadora en EH se siguen degradando. Hay una lucha sorda y persistente de los mantenedores de la lógica neoliberal por precarizar toda la existencia del pueblo trabajador. Los gobiernos, al servicio de esta lógica no hacen sino amplificar esta precariedad con su silencio, con su retórica reformista pero realmente colaboracionista y con su directa implicación en sostener la “lógica del mercado”. Esta lógica deliberadamente incontrolada nos convierte a la mayoría de la población en ganado de feria (dentro del “mercado de trabajo”) al albur de todos los truhanes y negociantes capitalistas

 

En la actual coyuntura internacional las empresas capitalistas (en salvaje lucha competitiva entre ellas por hacerse con la máxima rentabilidad) diseñan continuamente estrategias de acumulación de plusvalías y beneficios basados en nuevas y “originales” formas de explotación..

 

Intentan imponernos (con la imprescindible colaboración de gobiernos y sindicatos domesticados) nuevas flexibilizaciones y desregularizaciones de las relaciones laborales; descentralizaciones de las unidades de producción (deslocalizaciones); introducción de nuevas tecnologías que eliminen fuerza de trabajo; subcontrataciones de obras y servicios así como nuevas y “creativas” formas de organización laboral más “rentable”

.

Como consecuencia de la aceptación cada vez más amplia de esta lógica irracional por parte de casi tod@s los dirigentes de nuestra sociedad (tanto empresariales como polític@s), desde el inicio de los 80 un neoliberalismo cada vez más rampante y atroz intenta consolidar sus posiciones mediante una cadena sin fin de reconversiones y privatizaciones que provocan altos niveles de desempleo, mediante la institucionalización del empleo precario para casi todos los estamentos laborales y un desgarro social impresionante en las formas de vida de la mayoría del pueblo que vive en la perpetua congoja de no tener ninguna seguridad de futuro económico para su subsistencia digna.

 

Los mecanismos de explotación y dominación laboral (por no hablar de los que suceden en otros campos sociales) se han extendido de tal manera que son ya como el aire que respiramos. Sabemos por experiencia que el mero conocimiento de la situación objetiva en que vive nuestra clase social apenas moviliza y/o recompone sus fuerzas. “Los métodos de explotación arbitrados por el capital neoliberal –constata LAB en su último congreso de 2004- no han generado un aumento de conciencia y capacidad de constestación social”. Está claro, pues, que esa recomposición de fuerzas ha de venir desde un cambio del chip subjetivo de l@s trabajadores-as.

 

 

El pueblo trabajador interiorizamos esa opresión

 

Siendo comúnmente admitido que al hablar de clases sociales nos referimos objetivamente a los grupos de personas que están situados en un lugar determinado respecto a la propiedad o posesión efectiva (o no) de los medios de producción (fábricas, bancos.... o negocios de todo tipo), existe alguna dificultad para reconocer-identificar a quienes pertenecen subjetivamente la clase trabajadora porque también la ideología dominante nos embarulla. Es importante aclarar este aspecto, pues, de su acertada o confusa-errónea resolución depende en gran parte que la clase trabajadora se constituya realmente en sujeto o “clase para sí”

 

Mucha gente del pueblo que objetivamente se ubica entre l@s “no propietari@s de los medios de producción”, (es decir, como dominadas o perjudicadas por este sistema económico) tiene dificultades para sentirse perteneciente al colectivo “clase trabajadora”. Y no precisamente porque no esté clara la definición teórica de este colectivo, sino por cuestiones colaterales aunque no menos válidas y fuertemente condicionadoras para que se materialice el real “poder de clase” que supondría la clarificación de este asunto. Se trata de las cuestiones de la subjetividad.

 

La ideología dominante o “cultureta”  de esta sociedad clasista incide particularmente en dos aspectos básicos  de la subjetividad del pueblo trabajador: 

1)      en la imagen que se hace de sí misma la gente trabajadora y

2)      en los objetivos por los que se convence (o le convencen) que merece la pena luchar o preocuparse.

 

Lo que seguidamente se va a describir aquí son algunos de los rasgos más destacados de la influencia de esa ideología burguesa en diversos subgrupos de la clase trabajadora. Pienso que quizá detectando o describiendo algunos de los esquemas o patrones mentales típicos de cada subgrupo, se puede contribuir a su reconducción hacia una unidad superior de todos los afectados por el clasismo; es decir : a la lucha común, unida  y solidaria

 

Influencia de la ideología burguesa dominante en diferentes subgrupos de la clase trabajadora

 

 Trabajadores-as asalariad@s comunes

 

Según los esquemas clásicos de la literatura marxista sobre quiénes forman el grueso central de la clase trabajadora, parece que las personas asalariadas de menor cualificación cultural o profesional fuera las que menos problemas tuvieran a la hora de sentirse “clase trabajadora”. Sin embargo, no es del todo así, principalmente por ser una de las capas sociales populares más vulnerables a la seudoinformación que generan los medios de comunicación para distraer y manipular a la gente respecto a sus identificaciones o adhesiones.

 

Este subconjunto de la clase trabajadora es al que se refiere prioritariamente la teoría marxista cuando habla de la “clase trabajadora”. En épocas pasadas constituían conglomerados concentrados en grandes centros productivos resultando ser el porcentaje mayor de la población explotada por el capital. De hecho, se le ha tomado muchas veces como cuasi-único núcleo de lo que constituye la “verdadera clase trabajadora”(¿?).

 

Aunque algo más disgregado en cuanto a sus lugares de trabajo, este tipo de trabajador-a constituye también hoy una considerable parte de la población de cualquier sociedad capitalista.

 

Las circunstancias particulares de tener una relativa fijeza en el puesto de trabajo; de tener tareas fácilmente intercambiables y de no contar con muy grandes diferencias salariales, (y otras muchas por el estilo) puede contribuir a que este sector de trabajadores-as  pueda verse a sí mismo como el grupo compacto más adecuado y disponible para hacerse cargo y luchar por las reivindicaciones generales o de toda la población trabajadora.

 

Sin embargo, también este grupo comparte con el resto de los sectores de la clase trabajadora, algunas dificultades típicas que paralizan o entorpecen su lucha. Pueden ser -por citar sólo algunas-: la desconfianza en su propio poder de “clase”; el sentirse menos inteligentes que otros grupos sociales; el sentir que “no merece la pena luchar” o que “no se puede ganar la batalla nunca”; o la sensación de que “no tenemos mucha importancia” y de que “hay que copiar la forma de hablar, la compostura, las actitudes, comportamientos, etc. de la gente de clase media alta para que te tomen en serio”...... Todas estas seudo-convicciones (y otras muchas)  interfieren (e impiden de hecho) que los individuos de este sector mayoritario de la clase trabajadora asuman un liderazgo firme y resolutivo entre sus compañer@s en la lucha de clases.

 

Frente a esto hay que repetir una y otra vez lo que es la realidad más simple y constatable (a pesar y por encima de esa seudoinformación): que la gente trabajadora somos las personas indispensables de importancia crucial de la población. La sociedad no puede seguir adelante sin cualquier otro grupo social, pero no puede progresar decisivamente sin la gente trabajadora. Tenemos el poder completo para hacer cualquier cosa que queramos, siempre que nos unamos y decidamos hacerlo

 

Influencia de esa ideología en otras capas del mundo de los asalariados

 

A las mujeres trabajadoras se les dificulta esta identificación por muchas causas, entre otras por el machismo de la sociedad patriarcal que tradicionalmente les ha intentado marginar del mundo laboral en donde históricamente se ha fraguado la conciencia de clase trabajadora de los hombres.

 

El grupo de l@s asalariad@s que podríamos denominar “pobres” (inmigrantes, temporeros, marginados de muchos tipos) tienen dificultades para identificarse como trabajadores-as por sentirse “desclasad@s “, expulsados o marginados de la sociedad o incluso de las organizaciones tradicionales de la clase trabajadora.

 

L@s jóvenes de familias menos pudientes tienen así mismo dificultades principalmente por no haber tenido un contacto consistente con el mundo laboral y por ser tremendamente vulnerables a las tantísimas identificaciones espúreas que genera esta sociedad  (modas, “ídolos”, drogas diversas y otras comidas de tarro en que habitualmente se sumergen sin pensárselo dos veces).

 

Las personas desempleadas, trabajadores-as en frecuente precariedad, así como l@s  pensionistas y demás subvencinad@s por la Administración Pública o privada, (que objetivamente forman parte de la clase trabajadora) tienen cada cual sus propias y urgentes preocupaciones de subsistencia que dificultan esa identificación.

 

L@s trabajadores-as asalariad@s “de cuello blanco” (funcionari@s, profesores-as, altos técnicos,, gerentes, directivos, encargad@s, asesores, supervisores, administrativ@s y ejercientes de roles por el estilo) tienen sus dificultades particulares para considerarse parte de la clase trabajadora. Much@s se sienten “clase media” y se les inculca que su principal interés consiste en “subir” en la escala o consideración social; imitar las formas de vivir y comportarse de “l@s de arriba”, separándose o intentando diferenciarse de la clase trabajadora a la que pertenecen objetivamente. Much@s hacen labores de colaboración en la explotación-opresión del sistema; Much@s apuestan convencida o semiconscientemente por la cultura individualista, competitiva y conformista que supura la ideología capitalista por todos sus poros..

.....

Por supuesto que no tod@s est@s currantes que se ven a sí mism@s como “de clase media” tienen idénticos patrones mentales y comportamentales, pero es un estrato de la clase asalariada con rasgos lo bastante particulares como para que sean tenidos en cuenta a la hora de que se posibilitar su integración efectiva en la común lucha de la clase trabajadora

 

Hay otras capas de la población que decididamente se pueden considerar hoy día dentro de la clase trabajadora, (debido a la cada vez mayor concentración de la riqueza) como son los que laboran en pequeños negocios autónomos (también llamados “falsos autónomos”) en todas las ramas de la producción y servicios. En esas capas se incluyen los pequeños negocios individuales, familiares o cooperativos a pequeña escala, los “profesionales” autónomos (abogados, médicos.........) que se ganan la vida con su trabajo, pero no tienen suficiente riqueza o control sobre el proceso de su producción como para considerarse de “clase alta” o grandes capitalistas. Incluso si tienen emplead@s a su servicio, se ven obligados a trabajar todos los días y, a veces, muchas más horas que las personas que contratan.

 

Finalmente se pueden distinguir a otras capas de la población sometida cuyo modo de integración a la clase trabajadora se realiza principalmente “por convencimiento ideológico”, más que por su relación directa con el lugar que ocupan objetivamente en la sociedad. Engels, por ejemplo era un empresario. Marx, se podría incluir (si atendemos a la vida que llevó) en alguna de las categorías de “pobre” que citábamos arriba, aunque su adhesión a la clase trabajadora no pueda ponerse en duda aunque su vida material no se encuadraba en el mito de “trabajador típico” que ha desarrollado la ideología burguesa.

 

En resumen, al constatar la particular incidencia que en cada subgrupo citado ( y en otros grupos, unidos por conjuntos de particulares opresiones compartidas) tienen las circunstancias en las que experimentan o subjetivizan su explotación, parece imprescindible atender primeramente (a nivel metodológico e incluso, a veces temporal) a la resolución de ese conjunto de la tensiones turbadoras que traban o desvían y, en definitiva, impiden su identificación con la clase social a la todos  pertenecen objetivamente.

 

Sin olvidar que este proceso se debe hacer con el  objetivo de contribuir a la unión de toda la clase trabajadora, hay que subrayar que –aunque parezca una paradoja- la “liberación” de cada particular subgrupo oprimido no nos desvía de ese objetivo, sino que contribuye decisivamente a su consecución, es decir : a  la liberación general de la clase trabajadora. A partir del respeto mutuo al modo como cada subgrupo planifica la salida de su opresión (tal como la vive), los trabajadores-as podemos ser aliad@s un@s de otr@s en la lucha contra la explotación clasista general.

 

Algunas consideraciones añadidas

 

Más del 90% de la población de EH somos de clase asalariada o empleada por cuenta ajena. La circunstancia de que seamos más o menos especializad@s o fij@s es algo coyuntural a la realidad de ser “asalariados-productores-de-plusvalía-para-otros”, que nos constituye.

 

Una minoría son autónom@s; otr@s son “legalmente” cooperativistas y “realmente” asalariad@s y una ínfima minoría son realmente de “clase alta o poseedora” y vive del trabajo ajeno materializado en rentas considerables. En EH son much@s los empresari@s que “trabajan”, aunque estén bien imbuid@s de los principios capitalistas y empeñad@s en la defensa de los intereses de la clase gran-propietaria, siendo ell@s mism@s víctimas y alimento de los tiburones transnacionales, a los que, sin embargo, defienden. La lucha ideológica les puede acercar a la clase trabajadora

 

En el estadio actual del capitalismo o neoliberalismo, es claramente visible que la concentración y privatización de la riqueza y el poder desfavorece progresivamente no sólo a l@s asalariad@s sino a todas las capas del pueblo e incluso del empresariado pequeño y medio. Lo que sucede es que la ideología clasista del capitalismo (asumida como “incuestionable”, “científica” o “única realista”) contamina a todos los estratos sometidos y trata de vehiculizar (otra vez dentro de propuestas de solución clasistas, aunque puntualmente reformistas), cualquier solución a los problemas que se generan entre l@s perjudicad@s. 

 

Es ciertamente difícil  persuadir de la irracionalidad de este sistema a quien saca un provecho considerable de él o convencer a quien está en una situación económica algo holgada, de que a medio plazo (o incluso a corto) es del todo inviable y que la única real y posible es un proyecto de sociedad no clasista (socialista). La clase trabajadora, en todos sus segmentos o capas, es la que mejor puede apreciar (en principio) la viabilidad de esta alternativa en la medida que se vaya concienciándose mediante la lucha, de los seudoargumentos del clasismo capitalista. No es fácil, pero sí necesario, posible e imprescindible

 

 

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Teniendo muy presente la plaga mental burguesa que nos envenena también al pueblo trabajador, ahí va un LLAMAMIENTO a quienes, dentro del pueblo, queramos levantar la cabeza contra ella.

 

Compañer@s, gente trabajadora

 

Sabemos por experiencia lo ajustada que va nuestra vida económica dependiente de nuestro salario o del de alguien de nuestra familia.

 

L@s que tenemos un trabajo más o menos fijo sabemos que  tenemos que meter cada vez más horas en el mismo curro o en otra tarea y en condiciones más precarias, para ganar casi igual o menos cada año.

 

Tampoco las pensiones y otros subsidios suben en proporción a los precios de las cosas. Si no fuera por los complementos, pagas extras, pluses y otros añadidos discrecionales, apenas nos llegaría el dinero a fin de mes. A much@s realmente no nos llega y tenemos que recurrir muchas veces a parientes, amigos o a diferentes créditos bancarios para seguir adelante.

 

L@s que tenemos trabajos temporales y/o en precario (contratos por días, meses y así) o estamos en paro, vivimos en permanente inestabilidad e inseguridad. Nos sentimos frustrad@s, dolid@s, engañad@s y desesperanzad@s.

 

Hemos probado y seguimos probando de todo para sacar un poco la cabeza de esta opresión que se ha convertido ya en la atmósfera que respiramos. Ponemos a prueba nuestro ingenio para salir adelante aunque demasiadas veces enganchad@s a señuelos que nos prometen que nos van a solucionar las cosas, y no es así. Probamos en la lotería, el bingo, bono loto y otros juegos de azar; tratamos de “olvidar” mediante el alcohol u otras drogas; nos enganchamos a diferentes excentricidades “que están de moda”; recurrimos a  la religión, a lo que nos aconsejan las revistas del corazón o pretendidamente científicas, a lo que nos prometen los políticos de este sistema, a lo que “nos hace olvidar” un poco nuestra vida real de explotad@s; fiándonos de tantas y tantas ilusiones ficticias..........

 

El sistema explotador aprovecha nuestros flancos débiles de poca y mala información, de credulidad o tendencia a confiar; se vale de nuestros instintos y apetencias más primarias y de otros automatismos inducidos por la publicidad, para sacarnos los cuartos, el tiempo, y la vida.

 

Demasiadas veces luchamos sol@s y aislad@s contra el sistema económico y social que está fuera de nuestro control y que nos oprime. Lo hacemos de una manera desorientada y confusa, sin acertar muy bien “dónde está el cabrón a quien tenemos que dar un par de ostias” para que esto se arregle..........

 

Sin apenas saber un@s de otr@s, incomunicad@s en nuestra bronca particular o familiar; disimulando nuestra precariedad (que, sin embargo, es ampliamente compartida por nuestra clase social); aparentando ante l@s demás que tenemos esto y aquello y callándonos lo que nos cuesta tenerlo (preocupaciones, dinero, etc)

 

Poner el dedo en la llaga

 

Es hora de poner el dedo en la llaga sobre “dónde está la madre del cordero de esta situación” .

 

Lo primero que hay que decir es que nosotr@s, l@s trabajadores-as no tenemos la culpa de que este sistema social y económico (des)funcione como lo hace. Entre otras cosas, no podemos permitir ya más que los consejeros comecocos del sistema (la tele, la radio, las revistas  de entretenimiento, la publicidad masiva, etc) pongan encima de nuestro colectivo trabajador esta carga de culpa  ni ninguna otra.  No hay más que observar quién saca provecho a paladas de este estado de cosas, para comprobarlo. Si hay que hablar de alguna culpa hay que referirse a quienes tienen como objetivo (declarado u oculto) beneficiarse sin escrúpulos de ello : acaparar, privatizar, exclusivizar (contra toda justicia social aunque legalmente y para su provecho particular o corporativo), la riqueza y el poder que a tod@s nos corresponde equitativamente

 

En segundo lugar, y levantando la cabeza como colectivo o clase social explotada, nuestro gran handicap, ha sido habernos creído (y seguir creyéndonos) todas las monsergas de la cultura de nuestros explotadores. Principalmente en que “hay que luchar aislad@s y en competencia” (a codazos) para salir adelante en esta sociedad. Esa es justamente la manera de pensar y de comportarse que tienen entre ellos : como lobos, a dentelladas, en un afán  interminable de comerse unos a otros. Nosotr@s, la gente trabajadora (mientras no funcionamos bajo esa contaminación mental) tenemos una vieja tradición de luchar junt@s, en plan tranquilo, con respeto mutuo y cooperativamente, para solucionar las cosas más importantes de nuestras vidas. No hay más que ir a los barrios donde vive la gente menos pudiente para comprobarlo. Es en las zonas ricas o “del quiero y no puedo” donde la gente se aisla, disimula, aparenta, se come de envidia un@s a otr@s.....

 

Otra de las monsergas que hemos interiorizado la gente trabajadora (para nuestra desgracia) es que “somos menos poderosos que otras clases sociales”; que “somos unos mandaos”; que “no sabemos hacer las cosas bien”; que tiene que ser la gente “ilustrada”, “enterada” la que tiene que solucionar nuestros asuntos.

 

Esta manera de ver las cosas se pega de morros con la realidad.    Nosotr@s, aunque se nos paga generalmente sólo por nuestra productividad, pensamos mucho al realizar nuestras tareas. No hay más que ver con qué ingenio, habilidad  y profesionalidad solucionamos los problemas de nuestra vida cotidiana y con qué competencia realizamos los trabajos que se nos encomiendan en la vida laboral. Si lo hacemos bien en nuestro ámbito, también lo podemos hacer bien, (y, por supuesto, mejor que los agentes de paja del capital) a niveles más generales. La clase trabajadora movemos, en realidad, la sociedad. Sin el concurso de nuestros técnicos, expertos, especialistas y obrer@s comunes, nada podría funcionar; todo se pararía. 

 

Otra de las contaminaciones mentales que nos dificulta luchar unid@s y poderos@s como clase trabajadora, es haber interiorizado y creído en  “valores” del capitalismo tales como

-Que “hay que buscar el máximo beneficio a costa de lo que sea”

 

-De que “lo único importante en la vida es hacer negocios, ganar dinero, poseer todas las cosas que podamos”,

 

-De que “tenemos identificarnos con nuestros dominadores, “justificar”o someternos –“por nuestro bien”- a la explotación que nos producen”,

 

-De que tenemos que “salir de la clase trabajadora –que confundimos con “salir de la pobreza”- (ascender, diferenciarnos, mirar por encima del hombro a nuestros vecinos......) e imitar y confraternizar con los poderosos”.

 

Toda esta basura que sólo sirve a nuestros dominadores para su táctica de “divide y vencerás”, (junto con el fomento de divisiones por sexismo, racismo, adultismo, etc) nos hace dubitativos, desconfiados y nos inutiliza en la lucha práctica para nuestra liberación colectiva.

 

No somos especiales, pero sí estamos decidid@s a comportarnos honestamente

 

Tampoco nos vamos a engañar pensando que los trabajadores-as somos seres especiales esencialmente diferentes de otros grupos sociales. A todas las personas de todas las clases sociales nos ofuscan y enganchan circunstancialmente los patrones mentales típicos de la clase poseedora : el afán de lucro, las ganas de acaparar, la compulsión de “aprovecharnos de las circunstancias” las obsesiones por el consumo desmedido o irracional, el vivir a dentelladas unos con otros, así como otras manías u ofuscaciones. Son producto de la mentalidad (ideología) de nuestros dominadores, a los que queremos imitar mediante un automatismo (sin pensarlo demasiado) que muchas veces no controlamos.

 

Si nos comportamos así no es por alguna maldad intrínseca que tengamos, sino porque circunstancialmente ha decaído nuestra esperanza en que otro tipo de relaciones sociales (fuera de las relaciones de dominio-explotación) sean efectivas o viables para sobrevivir en esta sociedad.  Sin embargo constatamos que cada vez que actuamos bajo esos impulsos las relaciones normales de convivencia se pudren e imposibilitan

 

Podemos comprobar las consecuencias positivas que se siguen, por ejemplo, el “buen trato” con nuestros compañer@s de clase social piensen como piensen y/o se adhieran a las siglas que se adhieran. Luchar por estar cerca entre nosotr@s es un ataque frontal al sistema opresivo capitalista que defiende que la gente permanezca desconectada y aislada entre sí para que, así, su fuerza de trabajo pueda seguir siendo explotada. No toleraríamos la opresión si estuviéramos cerca y conectados:

 

Nos conviene, pues

-Creer (y actuar sobre esa confianza) en que la cooperación-colaboración entre nosotr@s es mejor que la competencia mutua.

 

-Interiorizar (a partir de la realidad comprobable) que como personas y clase social somos importantes e indispensables y que podemos confiar en nuestra inteligencia personal y colectiva y en nuestras capacidades puestas en común y al servicio de nuestra liberación colectiva de “clase”

 

-Considerar que si hay esperanza de una mejor vida personal y general, ésta no va a venir intentando salirnos de nuestra clase social imitando tontamente a los poderosos, ni poniendo nuestra ilusión en ascender de nuestros puestos actuales a unos mejores, donde podamos mirar por encima del hombro a l@s antigu@s compañer@s  y nos convirtamos así en las personas de paja del capital.

 

-Tampoco imitando la violencia, el desprecio, la arrogancia y la indiferencia de que hacen gala nuestros opresores, aunque se nos haya inculcado que así se consigue “tener éxito en la vida”.

 

-Estando segur@s que esta vida mejor para nosotr@s, nuestr@s hij@s, nuestra familia y la sociedad va a venir por escucharnos, apreciarnos en nuestras diferencias y discrepancias (que no tienen por qué llegar a crear enemistades), por percatarnos de nuestro poder real como colectivo, por integrarnos orgullosamente dentro de él, por resaltar y basarnos en lo que nos une y, mediante una buena organización cooperativa, por planificar (posibilitar) un tipo de sociedad humana  racional y solidaria (socialista), haciendo frente al modelo irracional que el capitalismo y su ideología nos quiere imponer en todos los ámbitos de nuestra convivencia social.

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